Para innumerables amantes del cine, la magia cinematográfica comienza con un único encuentro decisivo. Aquel momento sublime vivido en la infancia al ver «E.T., el extraterrestre» (1982) habrá resurgido con fervor décadas después a través de «Gravedad» (2013). Si «E.T., el extraterrestre» nos hizo alzar la mirada hacia las estrellas del cielo nocturno con pura curiosidad, «Gravedad» nos empuja de golpe a una órbita espacial de un silencio que corta la respiración.
El guion, escrito conjuntamente por el director Alfonso Cuarón y su hijo Jonás Cuarón, combina en perfecta armonía una resonancia emocional sin filtros y una tensión que se abate sin descanso. La desesperada lucha por la supervivencia de la doctora Ryan Stone va más allá del mero placer del género y se amplía hasta convertirse en una metáfora intuitiva de la pérdida, el aislamiento y el doloroso renacimiento de la voluntad humana. La enorme pantalla IMAX contrapone de forma estremecedora el resplandeciente horizonte terrestre y el abismo infinito y silencioso, mientras los planos de larga duración que se suceden sin cesar sumergen al público en un vertiginoso estado de ingravidez. A ello se suma un elaborado diseño sonoro que reproduce la respiración entrecortada de la doctora Stone y los momentos de silencio que llegan de improviso con una viveza que ensordece.
El encuentro con el director Alfonso Cuarón es una valiosa oportunidad para conocer de primera mano el mundo de un maestro que ha unido el puro asombro de la infancia con la emoción cinematográfica de la edad adulta. Escuchar su filosofía artística permitirá comprender en profundidad su innovador lenguaje visual y, al mismo tiempo, reafirmar el eterno poder transformador del cine.