Mansu (Lee Byung-hun), el protagonista de «No hay otra opción», había sido inmensamente feliz. Todo iba bien en el trabajo, su esposa Miri (Son Ye-jin) seguía siendo hermosa y su hogar era apacible. Así fue hasta que recibió un repentino aviso de despido. A partir de entonces, toda su vida comienza a deteriorarse. Encontrar trabajo es difícil, su autoestima lleva tiempo por los suelos y las dificultades económicas también se van apoderando de él. Mientras intenta volver a trabajar como especialista en fabricación de papel, Mansu se da cuenta de que hay competidores más poderosos que él y decide resolver esta situación de una manera extraña. «No hay otra opción» es el mejor fruto de una fascinante colaboración entre creadores del cine coreano contemporáneo. Sumados a la extraordinaria capacidad de dirección de Park Chan-wook, el guion, la fotografía, la dirección artística, el vestuario y la música, entre otros elementos, despliegan cada uno su propia originalidad y, a la vez, armonizan al servicio de un todo llamado «No hay otra opción». También brillan las interpretaciones de actores capaces como Son Ye-jin, Park Hee-soon, Lee Sung-min, Yeom Hye-ran y Cha Seung-won. En particular, en los hábiles gestos y expresiones de Lee Byung-hun, que interpreta a Mansu, queda grabada, de forma triste y a la vez ridícula, la lastimosa tensión de alguien desesperado pero tremendamente torpe, lo que provoca sentimientos complejos en el público. En «No hay otra opción», todos los acontecimientos, emociones y situaciones arrolladores del mundo ante los que nada se puede hacer irrumpen sin orden y se revuelcan indiscriminadamente. La película retrata de principio a fin, de manera apasionante, este lastimoso arrebato de locura de un ciudadano común.