Tres mujeres cineastas reinterpretan los testimonios de sobrevivientes de violencia sexual mediante una fusión cruda de animación en stop motion, interpretación corporal y ensayos documentales. Buscan con dificultad un lenguaje audiovisual capaz de expresar ese dolor indecible, asegurándose de no volver a traumatizar a los sobrevivientes ni embellecer el sufrimiento de forma barata. Al afrontar la insensibilidad del arte contemporáneo ante la violencia, recuperan la autenticidad emocional. A medida que el proceso creativo se despliega lentamente, se establece entre ellas una hermandad frágil pero tenaz: es precisamente este vínculo el que les permite compartir con franqueza el dolor de la violencia que cada una sufrió en carne propia. Juntas, intentan transformar el trauma en una acción colectiva que aúne resistencia, memoria, solidaridad y esperanza.