El director de cine Je-hyeon, a quien le han diagnosticado una enfermedad terminal, quiere hacer una última película como es debido en el poco tiempo que le queda. A escondidas de su esposa Soo-jin, que le reprocha qué tiene el cine para que se desgaste hasta ese punto, Je-hyeon se reúne con actores y hace avanzar la película con la ayuda de su amiga Ji-young. No pasará mucho tiempo antes de que Soo-jin descubra la empresa temeraria y la firme determinación de Je-hyeon. Este ardiente anhelo de Je-hyeon por el cine no es sino el rostro transparente de un mundo interior complejo en el que se entremezclan el arrepentimiento y el remordimiento, la perseverancia y la resignación, el dolor y el júbilo, la muerte y el amor. Hasta aquí llega la primera mitad de «By another name». Es el tercer largometraje del director Lee Jeahan, que ha intentado unir, separar, erigir, derribar y reconstruir, mediante una estructura sencilla y una forma misteriosa, lo incomprensible de la vida, profundamente agazapado en el mundo, y las facetas, el fluir y el funcionamiento de ese mundo, aún más fascinante por su frialdad. La segunda mitad, que transcurre con cierto intervalo temporal respecto a la primera, es aún más audaz y desenfrenada. Je-hyeon ya no está aquí, pero queda un guion que todavía no se ha convertido en película. Soo-jin quiere llevarlo a término como película. Como si esa fuera precisamente su manera y su razón de recordar a Je-hyeon, amarlo y seguir viviendo. Los sueños y la realidad se enlazan sin miramientos, las conversaciones con fantasmas se entablan sin reservas y presenciamos distintas apariciones de un mismo rostro, mientras la tensión entre el interior y el exterior del encuadre, el humor y el patetismo, un cine del proceso y no del resultado, fluyen como el agua. Entonces, ante «By another name», adonde hemos llegado sin darnos cuenta, el corazón se abre como hechizado. Es admirable la osadía de quienes intentan a duras penas aferrarse al cine y al amor, y la sencilla comprensión que alcanzan al final resulta sobrecogedora. La emoción y el húmedo aliento de vida reviven y resplandecen.