Hsiao-lee sonrió exactamente dos veces en la película: cuando fue al karaoke con Li-li y cuando esta regresó después de que Hsiao-lee creyera que se había marchado dejándola sola. Hsiao-lee, una chica que no expresa sus emociones, vive con un padre alcohólico que ejerce habitualmente la violencia doméstica, una madre peluquera que es especialmente severa solo con ella y una hermana menor que acapara el amor de su madre. Hsiao-lee vive en una pequeña casa en lo alto, a la que solo se llega subiendo una larga escalera; aunque su padre destroce los enseres domésticos y agreda a su madre, no puede hacer otra cosa que acurrucarse dentro del armario, su único espacio propio, y tener pesadillas. Un día, al conocer a Li-li, una alumna trasladada de Estados Unidos, Hsiao-lee empieza a soñar con salirse de las normas. Ambientada en 1988, «Girl» tiene el poder de transportarnos a aquella época tan solo con los colores emotivos de sus imágenes y su rigurosa puesta en escena. La madre de Hsiao-lee, que aparece simplemente como «Mujer» en los créditos finales, no consigue escapar de las heridas del pasado que configuran su presente. Y esas heridas se transmiten intactas a Hsiao-lee, creando otras nuevas. «Girl» construye una narración densa acumulando poco a poco las emociones concentradas de sus personajes y los choques entre ellas. Esta narración cobra aún más fuerza gracias a las interpretaciones detalladas del elenco y a una cámara que se adentra con tenacidad en espacios estrechos. Shu Qi, guionista y directora de «Girl», demuestra su presencia con una refinada capacidad de dirección y anuncia con éxito el nacimiento de una nueva directora a la que debemos prestar atención.